El día camina hacia un sitio
ALBOR MARUENDA

Atado a la muerte
Aferrado a la alegría con la tristeza
Como la lluvia a los soles enemigos.

Sostiene lo arcaico de su cuerpo
Nubes blandas tierras encendidas
Hombres invisibles que levantan la aurora

Desde la infancia le han arrebatado el universo
El oro de la brisa lo conmueve
La nieve le circunda con árboles de plumas

En la absoluta oscuridad sostiene el dominio
Casi sin presencia duerme en nuestros ojos
Con roces y profundas enemistades
Llega con el aire que sobrevive a las caricias

Suspiros le acechan
Papeles abiertos
Objetos diminutos

Si lo tocamos nos antecede
La frialdad le impide pasar a nuestro lado
Allí el mundo es tibio
Como una casa caudalosa que llega del último paseo

Y cuando la luz es más diáfana se aglomera
Como los niños cuando se abren los cerezos.