Piuranísimos
MARCO MARTOS


San Miguel de Piura

Encendí el corazón sobre los médanos, en los soledosos algarrobos que continúan la ciudad más allá de la postrera bandera blanca, bordeando el camino de Los Ejidos, regado por la cagarruta de las cabras. El cielo era azul con sus nubes pintadas y había un viejo caballo y un burro blanco entre los grises. He olvidado a qué íbamos a Los Ejidos pero puedo adivinarlo mientras aspiro todavía el aire luminoso de la infancia. Los Ejidos: el olor de las cabras, la leche de cabra, el queso de cabra que jamás he encontrado después en la tierra. A la hora del regreso el sol reverberaba sobre los médanos y en llegando al recodo del camino que divisa a la cruz del Norte, bajo la sombra benéfica de los sauces, los pequeños pudimos sumergirnos en el río suavísimo y verdoso. Han pasado años de años; ¡me he mezclado en tantas cosas!, y ahora que el sol reverbera sobre el asfalto, no extraño a esa patria, distante y diminuta. O tal vez la extraño y por eso escribo.