AMAZONÍA

Ino Moxo (fragmento)
César Calvo

La primera vez que tomé ayawaskha tuve una sensación idéntica pero más duradera: la certeza de tener dos cuerpos y verlos y tocarlos, dos césares tumbados en el piso de la casa del brujo. Porque fue aquí en la isla Muyuy y en la misma vivienda de Don Juan Tuesta, a los trece años de mi edad, que me fue presentado el ayawaskha. Y sucedió. Eran otras imágenes, otros colores pero el desdoblamiento remedaba al de esta noche que no quiere irse. Ahora no son únicamente dos cuerpos míos los que alcanzo, un instante sí, a comprobar, un instante no. Me veo, por relámpagos, al costado derecho de Don Juan Tuesta, sentado en la espintana derribada, y a la vez a su izquierda, aunque con una cara que se aparenta mía, que lo duda y tiende a borronearse y a rehacerse luego con facciones que reconozco y no pertenecen a mi rostro. Acepto sin embargo que se trata de mí, como acepto que jamás alcanzaré a explicármelo con palabras y con plenitud. Me estoy viendo, en dos cuerpos, a ambos lados del cuerpo del brujo de Muyuy. Y recibo su voz desde dos sitios, dos existencias, dos identidades, estamos en 1953, dos memorias que de ser tan ajenas ya me son familiares.