Lo difícil de ser intelectual en el Perú no es que nadie te pague, sino principalmente, que nadie te escuche. Impermeable a la inteligencia parece la vida peruana y no sólo peruana. Quienes viven lejos de la Pachamama pueden pensar en arrojar misiles por computadora o "inmolarse" llevando consigo por la fuerza a otros en esa especie de heroísmo al revés.

Pensamos que eso no solucionará nada. Y menos la amenaza constante de violencia globalizada. La tierra, esa madre prolífica y protectora, puede darnos todo lo que necesitamos si el respeto hacia ella y hacia todos sus hijos fuera el principio de toda acción y toda conversación. Sencillamente la humanidad no necesita de guerras. Necesita de convivencia amorosa y pacífica. ¿Qué hubieran pensado Mahatma Gandhi, John Smith o Sakyamuni en esta circunstancia? La sabiduría parece estar fuera de combate. Y para místico no se estudia. Lo triste no es ver cómo perdemos todas las batallas sino cómo los traficantes de armas deciden quién vive, quién piensa, quién come, quién se refugia y quien muere. Pero en Samanca seguimos viendo crecer campos golosos de zapallos.